Por qué ya no leemos
Después de mucho pensar al respecto, tengo una respuesta rápida y una larga.
La rápida se puede resumir en cuatro palabras: por culpa del smartphone.
La larga es más compleja.
Por un lado, desde hace unos veinte años, la sociedad ha evolucionado hacia una dictadura de lo visual, debido al auge y expansión de las redes sociales como Instagram y Tik Tok en claro detrimento de la cultura escrita (prensa, blogging, libros). Esto se puede constatar en el metro, pues hasta hace no mucho, la mayoría de la gente iba leyendo un libro. Ahora van todos (¿el 90%?) con el móvil viendo videos o atrapados en un scroll infinito. El cambio es drástico.
Por otro lado, los niños y niñas tienen un móvil desde los 12 o 13 años (mejor no hablo de bebés de 1 o 2 años que ven pantallas de tabletas y móviles a diario) y consumen redes sociales como Tik Tok, Instagram o plataformas como Youtube a diario. El visionado de imágenes y videos en bucle generan consecuencias muy negativas en el desarrollo de los más pequeños. Los niños de ahora no saben cómo aburrirse ante la sobreestimulación visual y eso supone un gran problema, pues como señalan los neurocientíficos, el cerebro también está activo cuando "se aburre" y de hecho, en esos “parones” surgen nuevas conexiones neuronales. El aburrimiento nos puede llevar a ser creativos, pero la ausencia de aburrimiento bloquea varias capacidades cognitivas.
En mi opinión, y siendo muy reduccionista, los niños y niñas no deberían tener un smartphone hasta al menos, los 16 años, y lo mismo pienso con respecto al uso de las redes sociales. Cuando logremos vivir en una sociedad responsable, con instituciones y gobiernos que se impliquen en crear auditorías y gobernanzas reales que filtren la información, para, entre otras cosas, identificar la manipulación, las fake news o la invasión a la privacidad, podremos confiar en crear redes sociales educativas "lentas" con el objetivo de que los estudiantes desarrollen el pensamiento crítico y la creatividad. Entonces sí. Mientras tanto, deberíamos analizar cómo han evolucionado los hábitos de lectura en los jóvenes (y no tan jóvenes) y extraer conclusiones.
Si hablo de mi situación personal con alumnado de 2º, 3º y 4º de Grado, la experiencia es verdaderamente preocupante, pues hay muchos problemas para que los estudiantes lean artículos, ya no académicos, sino divulgativos o de prensa. Hace un par de años hice un proyecto transmedia donde se partía de la lectura de El hobbit, de J.R.R. Tolkien, una novela que durante décadas ha sido una iniciación para los jóvenes tanto en la Tierra Media como en el mundo de la fantasía, pero la mayoría de estudiantes (4º curso) me dijeron que les había costado mucho la lectura, que se perdían en las descripciones y el léxico rico y variado del autor británico. ¿Qué ha ocurrido en los últimos años? ¿Por qué en los 80 y los 90 El hobbit era lectura de Primaria en algunos colegios y actualmente les resulta difícil incluso a adolescentes y hasta jóvenes? Algunos de mis estudiantes reconocen que les cuesta mantener la atención sostenida durante más de diez minutos seguidos y que tienen dificultades para entender las ideas básicas, por no hablar de leer entre líneas.
En una sociedad donde la tiktokficación se ha impuesto como modelo de ocio desde edades muy tempranas, y para colmo, se ha generalizado la IA generativa sin tener una multialfabetización (ni siquiera una buena alfabetización), no habrá estudiantes (salvo excepciones) que tengan interés en leer. El hecho de no saber disfrutar de un buen libro implica, por ejemplo, no apreciar el valor estético ni sentir gozo por el simple hecho de leer. Por no hablar de la ausencia del pensamiento crítico, que nos está llevando a una sociedad distópica como la de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. De momento, debajo del iceberg hay espacio para los lectores, con nodos y redes interconectadas (como en Fahrenheit 451), mientras en la superficie la mierdificación sigue invadiendo nuestras mentes y cada vez nos vamos pareciendo más a una herramienta del smartphone.