Respirar la montaña
Siempre se ha dicho que la montaña aporta aire puro, paz interior y tranquilidad. Y es cierto. Después de vivir durante varios años cerca de la naturaleza, puedo decir que la montaña no solo es un pulmón gigante necesario en estos tiempos de contaminación y toxicidad, sino también un espacio donde el ser humano puede ser más consciente de su pequeñez, de sus limitaciones, y a la vez, de la enormidad de la naturaleza.
Es cierto que el ser humano ha creado y sigue creando auténticas maravillas de arte, ingeniería, tecnología y conocimiento. Pero también es cierto que cuando uno se encuentra frente a una montaña, un río o un paraje salvaje, algo hace clic por dentro. Es el milagro de la naturaleza. Ese clic, llámese espiritualidad, admiración de la belleza, o sensibilidad existencial, te cambia la perspectiva. No es fácil de entender si no se vive.
En estos tiempos donde la vida se concentra en la gran ciudad, donde se da una digitalización generalizada y la mayoría de la gente consume "realidad" durante horas y horas a través de las pantallas, se produce un alejamiento de la naturaleza; diría, incluso, de nuestra esencia. Porque no olvidemos, que la montaña ya estaba aquí antes que nosotros. Respirar la montaña es reconocer que somos pequeños, que nos alimenta, que podemos vivir gracias a ella, que podemos ir a ella para conectar con nosotros mismos. Respiremos, pues, la montaña.
