Big o cómo ser adulto es un rollo
Recientemente he vuelto a ver la película Big, dirigida por Penny Marshall en 1988. Es un título clave de mi infancia, una historia profunda que nos marcó a los que son de mi generación, junto a Regreso al futuro, Los Goonies o Cuenta conmigo. El caso es que aunque llevaba muchos años sin verla, tenía en mi memoria varias escenas y situaciones grabadas y al reconocerlas de nuevo ahora, con una edad madura, he reconectado con mi infancia y me ha llevado a pensar varias cosas:
La película tiene una lectura similar a El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, ya que contrapone el mundo de la inocencia y la libertad de la infancia, con la rigidez y ansiedad del mundo de los adultos, que dependen tanto del trabajo y la competitividad.
En esa tensión que se produce y que tan bien encarna Tom Hanks, el niño que desea convertirse en adulto decide volver a ser un niño. El mundo de los adultos está lleno de problemas de diversa índole, donde la violencia, las responsabilidades y las trampas propias del capitalismo desdibujan a los humanos hasta convertirse en seres extremadamente adultos (o dicho de otra manera, olvidan las cualidades propias que supone ser un niño y se dejan corromper por el sistema).
Hay un gran cambio generacional entre los años 80 y los años 2020. En mi infancia, las películas sugerían ciertas situaciones y no "machacaban" tanto ni con lo políticamente correcto ni con lo que hay que hacer (Solo en casa, Karate Kid, Aventuras en la gran ciudad). Los niños y niñas actuales están acostumbrados a largometrajes y series donde todo se explica (y si no se entiende, se añade un epílogo que verbaliza la conclusión de la historia) y no hay cabida para la imaginación o la interpretación. Big es una película sin un narrador que explique lo que se sugiere en las escenas secuenciadas y no toma por tontos a los niños y niñas.
Otra reflexión que me suscita es que el modo en que criamos y educamos a los niños y niñas actualmente ha cambiado mucho. En Big, chavales de 12 años caminan solos por las calles e incluso toman decisiones con una madurez que era propia de los años 80, donde se daba bastante confianza y libertad a los adolescentes o chavales de diez años. Actualmente, hay menor autonomía de los niños y niñas que además no saben manejar la frustración.
Los hábitos de los menores también han cambiado. Me extrañaría que un chico o chica de once o doce años soñara con tener un apartamento como el de Josh, lleno de juguetes donde además interactuaría con sus amigos. Un adolescente actual preferiría una consola o un ipad para acceder a redes sociales y contenidos digitales.
Derivado de todo lo anterior, y a modo de conclusión, me he dado cuenta de que Big es una gran película no por lo que tenga de nostalgia de los años 80, sino porque expone con algo de humor y sin maniqueísmo el complejo mundo de los adultos y cómo los niños y niñas necesitan ir descubriendo por sí mismos la realidad, sin perder el apego de sus progenitores.
